MITOS.
Habitualmente se justifica y se
trata de dar explicación a este tipo de violencia atendiendo a:
- Características
personales del agresor (trastorno mental, adicciones), ·
- Características
de la víctima (masoquismo, o la propia naturaleza de la mujer, que “lo
busca, le provoca, es manipuladora…”),
- Circunstancias
externas (estrés laboral, problemas económicos),
- Los
celos (“crimen pasional”),
- La
incapacidad del agresor para controlar sus impulsos, etc.
- Además
existe la creencia generalizada de que estas víctimas y sus agresores son
parejas mal avenidas (“siempre estaban peleando y discutiendo”), de bajo
nivel sociocultural y económico, inmigrantes… Es decir, diferentes a
“nosotros”, por lo que “estamos a salvo”.
Aquellos hombres que son
alcohólicos y maltratan a sus mujeres, sin embargo no tienen, en su gran
mayoría, problemas o peleas con otros hombres, con su jefe o su casero.
El estrés laboral o de cualquier tipo afecta realmente a mucha gente, hombres y
mujeres, y no todos se vuelven violentos con su pareja.
En el fondo, estas justificaciones
buscan reducir la responsabilidad y la culpa del agresor, además del compromiso
que debería asumir toda la sociedad para prevenir y luchar contra este
problema.
CICLO
DE LA VIOLENCIA FÍSICA.
Lenore Walker definió el Ciclo de
la violencia a partir de su trabajo con mujeres, y actualmente es el modelo más
utilizado por las/los profesionales.
El ciclo comienza con una primera
fase de Acumulación de la Tensión, en la que la víctima percibe claramente cómo
el agresor va volviéndose más susceptible, respondiendo con más agresividad y
encontrando motivos de conflicto en cada situación.
La segunda fase supone el
Estallido de la Tensión, en la que la violencia finalmente explota, dando lugar
a la agresión.
En la tercera fase, denominada de
“Luna de Miel” o Arrepentimiento, el agresor pide disculpas a la víctima, le
hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase va reduciéndose
con el tiempo, siendo cada vez más breve y llegando a desaparecer. Este ciclo,
en el que al castigo (agresión) le sigue la expresión de arrepentimiento que
mantiene la ilusión del cambio, puede ayudar a explicar la continuidad de la
relación por parte de la mujer en los primeros momentos de la misma.
Este ciclo pretende explicar la
situación en la que se da violencia física, ya que la violencia psicológica no
aparece de manera puntual, sino a lo largo de un proceso que pretende el
sometimiento y control de la pareja.
CONSECUENCIAS
PSICÓLOGICAS PARA LA MUJER MALTRATADA.
El síndrome de la mujer
maltratada, definido por Walker y Dutton se define como una adaptación a la
situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la
persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de
presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o
disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al
mundo. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés
postraumático, sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa
y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales,
conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
Enrique Echeburúa y Paz del
Corral equiparan estos efectos al trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas y
características, sin duda, aparecen en algunas de estas mujeres:
re-experimentación del suceso traumático, evitación de situaciones asociadas al
maltrato y aumento de la activación. Estas mujeres tienen dificultades para
dormir con pesadillas en las que reviven lo pasado, están continuamente alerta,
hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración.
Además, el alto nivel de ansiedad
genera problemas de salud y alteraciones psicosomáticas, y pueden aparecer
problemas depresivos importantes.
Desarrollo
del síndrome de la mujer maltratada
Marie-France Hirigoyen
diferencia entre dos fases en las consecuencias, las que se producen en la fase
de dominio y a largo plazo.
En la primera fase, la mujer está
confusa y desorientada, llegando a renunciar a su propia identidad y
atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad. Se
encuentran agotadas por la falta de sentido que el agresor impone en su vida,
sin poder comprender lo que sucede, solas y aisladas de su entorno familiar y
social y en constante tensión ante cualquier respuesta agresiva de su
pareja.
Marie-France Hirigoyen habla de
consecuencias a largo plazo refiriéndose a las etapas por las que pasan las
víctimas a partir del momento en que se dan cuenta del tipo de relación en la
que están inmersas. Durante esta fase, las mujeres pasan un choque inicial en
el que se sienten heridas, estafadas y avergonzadas, además de encontrarse
apáticas, cansadas y sin interés por nada.
TRATAMIENTO
En muchas ocasiones es necesaria
una intervención previa, que la mujer pase por un período de reflexión y quizá
varios intentos de salir de esa relación violenta, con ayuda terapéutica o sin
ella, hasta que tome la decisión definitiva. A partir de entonces, el apoyo
psicológico se centrará en varios aspectos, valorando previamente las
necesidades y demandas individuales de cada paciente.
Deberemos evaluar cuáles han sido
las secuelas concretas que ha dejado la situación vivida en esa persona, y
graduarlas para establecer un orden para el tratamiento.
Algunas de las intervenciones más habituales
y básicas para su recuperación serían:
- Información
sobre la violencia de género, causas y origen, mitos, etc.
- Reducción de la activación y la ansiedad en las
formas en que se manifieste (insomnio, agorafobia, crisis de pánico, etc).
- Fomento
de la autonomía, tanto a un nivel puramente psicológico, a través de un
cambio de ideas distorsionadas sobre sí misma y el mundo, como a nivel
social, económico, etc, orientándola en la búsqueda de empleo, recuperando
apoyos sociales y familiares,…

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